It takes two to whisper quietly.

15 12 2011

Ya. Ya lo sé. Ya sé que está a punto de llegar el invierno. Pero, aún así, esta noche me iré a la cama y dejaré la ventana abierta para quien quiera hacerme una visita. Sólo esta noche.

Si eres tú quien decide adentrarse: escala, trepa, sube y ven a verme. Entra sin hacer ruido y acurrúcate a mi lado bajo las sábanas. Desliza tu brazo y rodéame. No te preocupes por la hora, ya sabes que no duermo mucho. De hecho, parece que con los años se hace más complicado coger el sueño. Y lo cierto es que me cuesta más cogerlo desde que te conozco. Siempre he sido de esas personas que dicen no soñar cuando no recuerdan lo que han soñado. Por lo que, como nunca sueño, me veo obligada a pensarlo todo estando despierta. Analizar los momentos, sopesarlos, desarrollar teorías y recordar las sonrisas del día (cada una). Todo esto suele llevarme un rato demasiado largo a veces (demasiado largo la mayoría de las veces). En el fondo puede estar bien que me lleve un buen rato, quizá eso quiera decir que el día ha sido productivo.

Durante ese amplio momento de reflexión previo al sueño es cuando deberías colarte por mi ventana. No quiero seguir pensando. Sácame de la realidad y devuélveme a las ensoñaciones (como si alguna vez hubiera estado en ellas). Cuéntame una historia que no sea cierta, una mentira tan descarada que haga que el mundo parezca banal. Cuéntame cómo llegaste hasta aquí y cómo has conseguido amar lo que amas (lo que sea que ames). Pero, por favor, cuéntamelo todo en susurros. Bajito al oído. La Realidad está durmiendo y no quisiera que se despertara para volver a arrastrarme a su lado.

Sin embargo, aunque lo digas en voz baja, sabes que te responderé. A cambio de tus cuentos, yo te detallaré cómo hago para almacenar todas tus sonrisas en mi cabeza. Te contaré cómo pienso en ti cuando espero y cómo espero pensar en ti. Te contaré cómo he llegado a esto. Te diré quién tuvo la culpa de que empezara a escribir y quién la tiene de que siga.

Pero sólo te lo contaré cuando escales, trepes, subas y vengas a verme. Cuando te acurruques conmigo bajo la sábana. Cuando me cuentes aquella gran mentira que me haga sentir la dueña del viento, la emperatriz de mares y océanos. Cuando tu historia me haga volar a ras de suelo. Cuando hagas que creer en lo que creo parezca tener sentido (tampoco pido que lo tenga de verdad, con que lo parezca me vale). Cuando hagas que olvide que eres tú con quien hablo cuando hablo contigo. Cuando me hagas sentir especial (insisto, no hace falta que lo sea, con que lo parezca me vale).

Así que necesito que trepes esta noche, sólo esta, y me lleves contigo fuera de aquí. Prometo que merecerá la pena… o, al menos, parecerá que la merece, con eso me vale.








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