Podría hablar de cuando la vida nos parecía fácil o de cómo nos enteramos de que no lo era. Podría hablar de cuando creíamos que cada libro era un mundo o del libro que nos demostró que teníamos razón. Podría hablar de cuánto me gustaría entender todos los idiomas o de cómo me emociono al encontrar a alguien con quien me puedo comunicar sin palabras. Podría hablar de que últimamente no tengo conversaciones muy interesantes o podría comentar que, las pocas que he tenido, han sido realmente maravillosas.
Podría hablar del placer auditivo que son para mí tus silencios o de cómo cada una de tus palabras parece encajar a la perfección en mis oídos. Podría hablar de la frenética velocidad con la que pasan los minutos a tu lado, pero igual para entonces ya fueran horas. Podría hablar de cómo me ciega tu brillo corporal o de cómo iluminas mis días. Podría hablar de cómo sacas la lengua cuando me tomas el pelo o de cuánto adoro la fingida indignación en tu mirada cuando soy yo quien te lo toma.
Podría hablar de cuán sistemáticos, ordenados y elegantes son tus movimientos, pero sólo conseguiría romper con ello tu armonía. Podría hablar del sonido del mar, de la melodía de mis pensamientos, de la luz de la luna o de la oscuridad del sol.
Podría decirte que la banda sonora de tu vida la toca un violín o podría contarte que, en la mía, hay un piano; siendo yo una mera semicorchea y tú el pentagrama. También podría confesar que, cuando estamos sólo tú y yo, todo eso se vuelve silencio. Podría mentirte y decir que no me inspiras o podría esperar que, al leer esto, sepas que hablo de ti. Podría decir que te odio o podría, mejor, decir la verdad.
Podría contar cómo mis oídos han aprendido a distinguir el sonido de tus pasos del de los demás o cómo, al escucharlo, mis ojos se cierran y mi cerebro recrea automáticamente una imagen tan real de tu caminar que me parece estar andando detrás de ti. Casi podría dilucidar de qué pierna es cada paso y cuántas caricias mías hay en cada una.
Podría aparentar transparencia o podría confesar mis mentiras. Podría intentar moverme a tu ritmo o podría parar el tiempo a tu alrededor. Podría soñar que te tengo o podría tenerte de verdad. Podría olvidarte ahora mismo o podría reconocer que nunca lo haré.
Si me lo pidieras, podría demostrar que hay vida después de la muerte y podría cuestionar que la haya antes. Podría aparentar que todo esto no es cierto… o igual podría empezar a escribir en serio.
Claro que también podría preguntarme si de verdad sería capaz. Sí, quizá lo fuera. Pero ahora no me veo con ánimos para hablar de todo aquello.