The Start of Something Good.

30 12 2011

Había por ahí una canción que decía algo como:
“I don’t want to be misunderstood,
but I’m starting to believe that this could be the start of something good”.

Y, although not a day goes by that I don’t believe that, Fin de Año es la fecha que especialmente nos hace pensar en nuevos comienzos. El momento perfecto para empacar y salir por la puerta del tiempo sin ser visto. El momento de dejar atrás lo que nos hizo poner mala cara e irnos con nuestro álbum de sonrisas bajo el brazo para colocarlo junto a los álbumes de los años anteriores.

El título de mi álbum sonrísico 2011 es: “Año de respuesta Sí”.
El abstract literario dice en la primera página:

No ha sido este un año de reinventarme, sino de mejorar lo ya inventado.
No ha sido un año de acabar con lo antiguo, sino de encarar la novedad sin miedo.
No un año de establecer principios nuevos, sino de afianzar los que ya tenía.
Un año de alegrarse por conocer (always a pleasure) y de no asustarse por desconocer.
Un año de confirmar que se puede ser una misma sin morir en el intento.

Sin embargo, lo más bonito de este año ha sido que, aunque en su comienzo pareció llegar tarde, el tiempo ha demostrado que llegó en el momento justo.

En cualquier caso, haya sido como haya sido el 2011, os deseo Feliz Año, ya sea por el que viene (feliç any nou) o por el que se ha ido (bon cap d’any).

Y ahora, let’s take a cup of kindness for days of Auld Lang Syne!





Lostory.

22 12 2011

Dentro de un año, de dos o quizá de 2571. Entonces, sólo entonces, me lo contarás. Me contarás el secreto que pareces tener tan escondido. El que nunca has confesado ni confesarías a nadie. Sólo a mí. Dentro de 2571 años.

Ese secreto que ya supe que escondías la primera vez que me miraste a los ojos. Cuando vi en tus pupilas ese algo que me resultó tan familiar, en el buen sentido de la palabra. Familiar, sí; pero aún sin la confianza de los cómplices. Como si al ir conociéndonos poco a poco exploráramos un mundo que nos resulta ya conocido a la vista. Como si fuéramos un déjà vu entre almas. Como si yo fuera tu pasado y tú, mi futuro. Como si fuera la historia perdida que vaga por tu encuadrada cronología. Como si tú fueras esa segunda fila en la que siempre me acabo sentando inconscientemente.

Allí, en la segunda fila, y entonces, dentro de 2571 años, me contarás aquel secreto. Espero que emplees tu tono de voz habitual. Ese que se parece a la primavera. Ese que florece con elegancia señorial a pesar de todo.

El secreto de cómo consigues recordar lo que pasará mañana mientras aparentas vivir en el ayer. Yo te contaré otro secreto a cambio: lo peor que le puede pasar a alguien no es la muerte, lo peor que puede pasar es que a ese alguien se le haya olvidado vivir.

Pero eso será dentro de 2571 años, cuando existamos en otro mundo porque este ya no sea nuestro.





It takes two to whisper quietly.

15 12 2011

Ya. Ya lo sé. Ya sé que está a punto de llegar el invierno. Pero, aún así, esta noche me iré a la cama y dejaré la ventana abierta para quien quiera hacerme una visita. Sólo esta noche.

Si eres tú quien decide adentrarse: escala, trepa, sube y ven a verme. Entra sin hacer ruido y acurrúcate a mi lado bajo las sábanas. Desliza tu brazo y rodéame. No te preocupes por la hora, ya sabes que no duermo mucho. De hecho, parece que con los años se hace más complicado coger el sueño. Y lo cierto es que me cuesta más cogerlo desde que te conozco. Siempre he sido de esas personas que dicen no soñar cuando no recuerdan lo que han soñado. Por lo que, como nunca sueño, me veo obligada a pensarlo todo estando despierta. Analizar los momentos, sopesarlos, desarrollar teorías y recordar las sonrisas del día (cada una). Todo esto suele llevarme un rato demasiado largo a veces (demasiado largo la mayoría de las veces). En el fondo puede estar bien que me lleve un buen rato, quizá eso quiera decir que el día ha sido productivo.

Durante ese amplio momento de reflexión previo al sueño es cuando deberías colarte por mi ventana. No quiero seguir pensando. Sácame de la realidad y devuélveme a las ensoñaciones (como si alguna vez hubiera estado en ellas). Cuéntame una historia que no sea cierta, una mentira tan descarada que haga que el mundo parezca banal. Cuéntame cómo llegaste hasta aquí y cómo has conseguido amar lo que amas (lo que sea que ames). Pero, por favor, cuéntamelo todo en susurros. Bajito al oído. La Realidad está durmiendo y no quisiera que se despertara para volver a arrastrarme a su lado.

Sin embargo, aunque lo digas en voz baja, sabes que te responderé. A cambio de tus cuentos, yo te detallaré cómo hago para almacenar todas tus sonrisas en mi cabeza. Te contaré cómo pienso en ti cuando espero y cómo espero pensar en ti. Te contaré cómo he llegado a esto. Te diré quién tuvo la culpa de que empezara a escribir y quién la tiene de que siga.

Pero sólo te lo contaré cuando escales, trepes, subas y vengas a verme. Cuando te acurruques conmigo bajo la sábana. Cuando me cuentes aquella gran mentira que me haga sentir la dueña del viento, la emperatriz de mares y océanos. Cuando tu historia me haga volar a ras de suelo. Cuando hagas que creer en lo que creo parezca tener sentido (tampoco pido que lo tenga de verdad, con que lo parezca me vale). Cuando hagas que olvide que eres tú con quien hablo cuando hablo contigo. Cuando me hagas sentir especial (insisto, no hace falta que lo sea, con que lo parezca me vale).

Así que necesito que trepes esta noche, sólo esta, y me lleves contigo fuera de aquí. Prometo que merecerá la pena… o, al menos, parecerá que la merece, con eso me vale.





Beware, I might speak.

5 12 2011

Podría hablar de cuando la vida nos parecía fácil o de cómo nos enteramos de que no lo era. Podría hablar de cuando creíamos que cada libro era un mundo o del libro que nos demostró que teníamos razón. Podría hablar de cuánto me gustaría entender todos los idiomas o de cómo me emociono al encontrar a alguien con quien me puedo comunicar sin palabras. Podría hablar de que últimamente no tengo conversaciones muy interesantes o podría comentar que, las pocas que he tenido, han sido realmente maravillosas.

Podría hablar del placer auditivo que son para mí tus silencios o de cómo cada una de tus palabras parece encajar a la perfección en mis oídos.  Podría hablar de la frenética velocidad con la que pasan los minutos a tu lado, pero igual para entonces ya fueran horas. Podría hablar de cómo me ciega tu brillo corporal o de cómo iluminas mis días. Podría hablar de cómo sacas la lengua cuando me tomas el pelo o de cuánto adoro la fingida indignación en tu mirada cuando soy yo quien te lo toma.

Podría hablar de cuán sistemáticos, ordenados y elegantes son tus movimientos, pero sólo conseguiría romper con ello tu armonía. Podría hablar del sonido del mar, de la melodía de mis pensamientos, de la luz de la luna o de la oscuridad del sol.

Podría decirte que la banda sonora de tu vida la toca un violín o podría contarte que, en la mía, hay un piano; siendo yo una mera semicorchea y tú el pentagrama. También podría confesar que, cuando estamos sólo tú y yo, todo eso se vuelve silencio. Podría mentirte y decir que no me inspiras o podría esperar que, al leer esto, sepas que hablo de ti. Podría decir que te odio o podría, mejor, decir la verdad.

Podría contar cómo mis oídos han aprendido a distinguir el sonido de tus pasos del de los demás o cómo, al escucharlo, mis ojos se cierran y mi cerebro recrea automáticamente una imagen tan real de tu caminar que me parece estar andando detrás de ti. Casi podría dilucidar de qué pierna es cada paso y cuántas caricias mías hay en cada una.

Podría aparentar transparencia o podría confesar mis mentiras. Podría intentar moverme a tu ritmo o podría parar el tiempo a tu alrededor. Podría soñar que te tengo o podría tenerte de verdad. Podría olvidarte ahora mismo o podría reconocer que nunca lo haré.

Si me lo pidieras, podría demostrar que hay vida después de la muerte y podría cuestionar que la haya antes. Podría aparentar que todo esto no es cierto… o igual podría empezar a escribir en serio.

Claro que también podría preguntarme si de verdad sería capaz. Sí, quizá lo fuera. Pero ahora no me veo con ánimos para hablar de todo aquello.








Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.