Sonidos

18 08 2008

Y la vida sigue, a pesar del valor…

¿Cuántas frases puede haber que te dejen perpleja? Hoy me han dicho algo que nunca antes había oido hacia mi persona: me han dicho que hablo mucho. Perdona, ¿cómo? ¿me hablas a mí? En ese momento sólo pensé una cosa: “vaaaya, ¿en serio? Lo siento”. Obviamente no lo dije, sólo me callé y escuché, y no oí nada. Hace sólo dos días que mis oídos favoritos cogieron rumbo a Galicia para escuchar silencios nuevos, y ya lo estoy notando. Sólo sé que, de momento, yo no escucho nada más que las teclas de un ordenador marcando pautas y describiendo pedazos de mí.

Unos oídos se dirigen a sonidos nuevos, mientras otros vuelven a los sonidos de casa. El sábado, los oídos de Silvia podrán escuchar, después de dos años, la voz de sus hijos sin un auricular de por medio, allá en El Perú. Ayer, los oídos de mis progenitores llegaron a Madrid arrastrando sonidos de la cultura del Imperio Romano. Mañana, los oídos de mi hermano estarán escuchando la batalla entre un océano y un mar que se libra en aquella tierra llamada Cadiz.

Y, sin embargo, hoy, mi vida continua sin volver a escuchar tu voz… pero sigue, a pesar del valor.