Lo reconozco, sueño poco, dormida… despierta sueño bastante…
Puede ser a consecuencia de que este miércoles, 23 de abril, es el Día Internacional del Libro (¡qué gran trabajo de la UNESCO allá por el año 1995!), pero ayer soñé…
Soñé conmigo. Estaba sentada en una silla negra, de esas giratorias con ruedas, con sus reposabrazos… bastante cómoda estaba yo sentada en mi sueño. Delante, una mesa de escritorio. En el lado izquierdo de la mesa, una pantalla de ordenador apagada; en el lado derecho, una pila de papeles escritos a máquina; y delante de mí unos folios en los que estoy escribiendo con pluma mirando en un libro abierto a mi derecha.
Miro el reloj. Me tengo que ir (no tengo ni idea de a donde). Me levanto y veo una gran estantería enfrente del escritorio llena de libros, pero no me paro en ella, sigo mi camino hacia la puerta del… ¿despacho?
Ya estoy en la puerta para salir de la casa. Miro a la izquierda, hay una cocina y una chica dentro, en el sueño parece que sé quien es (en la realidad, no), está de espaldas a mí y me dice “hasta luego”, a lo que respondo “adiós”…
Fin del sueño.
Todo esto me demuestra que leo demasiado, veo demasiadas películas y demasiadas series… y a pesar de todo, sueño demasiado poco. Sin embargo, no dejaré de hacer ninguna de esas cosas. Quizá no sirvan de nada todos esos libros, películas y series. Quizá no valgan para nada, pero esas cosas son las importantes de verdad. Por eso he decidido hacer todo lo posible por dedicar mi vida a los libros, esos amigos que te aconsejan, que hacen que vivas una vida por cada libro, que hacen que te evadas a cada página, que no se ríen de las situaciones absurdas que más afectan luego…
Y esas cosas importantes suelen ser las que menos se valoran. Esas que cuando las pierdes echas de menos. Esas que es mejor valorar cuando las tienes (el mundo debería aprender a hacerlo…), empero no sólo las cosas materiales hay que valorar, la gente tambien se va…
Cosas que hacen la vida, y la vida sigue, a pesar del valor…











