Live high on the (hedge)hog

17 05 2012

Parece ser que útlimamente estoy en racha lectora. Libro que leo, libro que me encanta. Cierto que llega tras algún que otro bache en este mi pavimento literario, pero los idiomas bien lo merecen… ¿no? Sigui com sigui, el más reciente (de la racha, no de los baches) ha sido “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery.

Muriel Barbery
Vaaaaaale, fine, más de un@ estará pensando: “sí, sí, ya no hace falta que digas nada. Sabemos que te conquistó en cuanto ridiculizó la fenomenología y cuando no dejó que el señorito Guillermo de Ockham se fuera de rositas”. Ok, you’re right, pero todo eso sólo es la enésima razón por la que este libro es cuasi perfecto de tan apropiado y eso ya es otra historia.

“La elegancia del erizo” es, en realidad, una novela divertida por su sutileza y certera por su crítica. La protagoniza Renée, portera de un edificio de alto standing oseah-sahbess que se ve obligada a ocultar su extraordinario verdadero Ella ante todos. ¿Que cómo lo hace? Comportándose como una persona normal, es decir, cometiendo dequeísmos de vez en cuando y poniendo las, comas donde, duelen. Porque a Renée le irritan, desesperan, escuecen las faltas de ortografía, pero a la vez tiene que aparentar ser una portera cualquiera, una Doña Nadie para que no la juzguen, para no ser estorbada mientras ella está a lo suyo, leyendo a Tolstoy y escuchando a Mozart. Sí, y todo ello sin tener (ni necesitar en absoluto) una carrera universitaria ni título que valga (¡Qué desfachatez! ¡Habrase visto!).

Por otro lado, tenemos a Paloma, una niña de 12 años que a tan temprana edad ya ha perdido la esperanza en la humanidad por no haber encontrado en ella belleza alguna. ¿Y quién tiene la culpa de eso? La clase alta. Paloma distingue y, por tanto, repudia y aborrece la superficialidad e hipocresia dominantes en aquella. Y, dado que es dicha clase social la que gobierna este nuestro planeta… pues eso. La solución (o una de las soluciones) que encuentra Paloma es esconderse por los rincones para leer a gusto y escribir sus “pensamientos profundos”, as she calls them.

La señora Michel tiene la elengancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremedamente solitarios y terriblemente elegantes.

Curiosamente, las dos viven en el mismo edificio y no se conocen. Las dos disfrutan de la cultura japonesa, adoran la lectura, odian las altas esferas, cuidan en extremo sus gramáticas y, lo más importante, las dos son erizas. Sin embargo, viven a cinco plantas de distancia pero, claro, son erizas, lo que hace que no se hagan notar, que se concentren en pasar desapercibidas con tal de no ser juzgadas, de sentirse autodidactas en su libertad y de desarrollar su intelecto (whatever that means) al margen de banalidades forzadas y preocupaciones sin sentido.

Esa ericidad es lo que las convierte en dos de esas personas que tanto merecen la pena y que tan poco a menudo aparecen. Esas personas con las que te tomas un té únicamente por escucharlas (observarlas) hablar. De esas personas que no saben what the hell son las palabras vacías porque en su boca todas significan algo. De esas que no encuentras si buscas pero, cuando no buscas, te encuentran. Esas a las que parece imposible llegar a conocer del todo porque cuanto más conoces, más parece haber dentro.

Estamos completamente de acuerdo en que no hay muchos erizos por el mundo. Empero en la mayoría de las ocasiones tampoco es que el mundo suela mostrar demasiado interés en conocerlos (igual no le conviene…). Cuando hay un erizo rondando lugares a escondidas, hace falta que cerca haya alguien lo suficientemente valiente como para descubrirlo. Y a esto venía el post. A que necesitamos sacar todo nuestro atrevimiento (y los guantes más gordos que tengamos en casa por aquello de las espinas) y proponernos localizarlos, que haberlos, haylos y, entonces, tomemos una taza de té.





And You whisper and the air is gone

9 05 2012

Últimamente parece que cada día tiene algo de déjà vu. Como con el té, mismo procedimiento, mismos gestos, mismo placer, distinto sabor. Como con tu voz. Siempre digo “hoy no”, y siempre vuelvo al redil. Siempre digo “no” y, siempre está tu voz. Al final tu voz siempre vuelve a mis oídos (¿o eran mis oídos los que volvían a tu voz?). Y entonces susurras y haces magia. Y susurras como contándome un secreto, como para que no se entere nadie más. Y susurras y lo mejor es que no hay nadie más.

Y susurras y tu voz suena como un acebo en invierno. Con acento subterráneo expulsas las palabras cual egagrópila lingüística. Tu sarcasmo casi muere en el mismo instante en que nace, tan inesperado, espontáneo y natural como tus miradas, tan sinceras como tristes, tan honestas como exclusivas.

Y susurras y tu voz suena como una edición limitada del viento. Con acento húmedo pronuncias las sílabas cual océanos limítrofes. Tu morriña sólo muere en el instante en que vuelves, tan esperada, melancólica y natural como tu sabiduría, tan infinita como oculta, tan eterna como profunda.

Y susurras y tu voz suena como un paralelismo de la brisa marina. Con acento prudente entonas la confianza cual expuesto interior.

Y susurras y tu voz amortigua mi mirada.
Y susurras y llenas el espacio.
Y susurras y no queda nada.





Libreando héroes

23 04 2012

Entonces, allá por 1996, a alguna cabeza pensante de la UNESCO se le ocurrió dedicar un día del año a los libros. Probablemente sería un cerebro amigo de aquel que promulgó el día de la mujer trabajadora (valga la redundancia) en el afán de continuar resumiendo vidas en días; pero, aún así, es una bonita excusa para no tener que ir a clase leer, escribir, hablar de libros, hablar de escritos… En resumen, estar entre letras, una excusa perfecta para que entremos en nuestras casas y hagamos una reverencia ante cada una de nuestras estanterías, una excusa para librear más que nunca (no de librea, este “librear” viene del latín liber, libri) o para estar entre libros a secas, si cometes el error de no estarlo durante el resto del año.

Y hoy hago esa reverencia a mis libros (esa que, mentalmente, hago cada día) buscando signos de aprobación en sus portadas. Necesito de esa aprobación porque entiendo los libros como maestros y, por tanto, pretendo que se sientan orgullosos del uso que doy al conocimiento que me han transmitido. Aparentemente, se me caen los anillos si ellos no están. Es curioso cómo mis estanterías se complementan unas con otras gracias a estos entes narradores.

Sí, se complementan y es maravilloso. Lo más mágico de los libros es que, aún narrando historias ajenas de forma individual, si miras todos tus libros juntos forman un todo que narra la tuya.

Y todo por aquella regla vital de que nada existe hasta que lo cuentas. Porque lo cierto es que escribir no es hablar de lo que ha pasado, es hacer que las mentiras hayan tenido lugar sin que nadie lo sepa. Es contar mentiras de forma que parezcan no serlo. Es hablar de miradas y de sonrisas, de espontaneidades que pasan de la surrealidad a la realidad en cuestión de un gesto. Así que no nos queda otra opción que recordarlas y guardarlas al lado de la imaginación. Recordar lo que no ha ocurrido hace que ocurran las cosas que olvidaremos.

El feedback de los libros se basa en que unos lo digan y otros lo piensen. Porque leer no es más que escuchar historias de héroes para olvidar la nuestra propia. Sabiendo que los héroes no crean, sino que los héroes son creados. Porque leer es dejar de fijarse en los detalles por la necesidad de sentirlos al pasar las hojas. Y, al final, es aprender que es el detalle lo que importa. Es aprender que a los héroes no les tiemblan las manos cuando escriben. Leer es mantener promesas y es romperlas, es ganar infinidad de batallas y perder alguna que otra lucha, pero sobre todo es prometer que nunca dejarás de luchar.





Com si no fóssim res

12 04 2012

Pero actuemos como si nada. Como si no me hubieras guiñado el ojo cuando me giré por última vez. Como si no importara que nadie esté al tanto de tí y de mí. Como si no fuéramos nubes en el cielo. Como si a poc a poc fueras cerrando los ojos y de mica en mica el sol se quedara sin rayos.

Voy a actuar como si tu voz no redireccionara el viento. Como si no estuviese escribiendo esto para ti. Como si no contara el número de sílabas que utilizas en cada frase. Como si no evadieras mis preguntas ni ignorases mis respuestas. Como si una mirada tuya fuera suficiente.

Actuaré como si actuar así dependiera de mí.

Como si la hipocresía fuera castigada por el código penal y la transparencia fuera una obligación civil. Como si la creatividad nos viniera de fábrica y la inquietud estuviera en garantía. Como si no tener principios no fuera el principio más común.

Como si esto no fuera un secreto.
Como si todo el mundo supiera lo nuestro.
Como si no hubieras sonreído cuando te dije aquello.
Como si nuestra frase favorita no fuera “off the record”.
Como si ahora no estuviera huyendo.
Como si no hubiera sido yo quien acabó con esto.





Once upon a Time

4 04 2012

Hoy me he encontrado al Tiempo cuando he ido a por el pan. Tenía la mirada decaída y caminaba realmente despacio. Me ha contado que está cansado, harto de tanta rutina, que ya no siente pasión por su trabajo y está siempre desganado.

La señora que iba detrás de mí debió de verlo tan cabizbajo mientras me decía aquello que no pudo evitar hablar:
- Hombre, tampoco hay que tomarse las cosas demasiado a pecho. Ya sabes que este año se acaba el mundo, je, je.
- En realidad, eso a mí no me afecta.
- Vaya, claro. Bueno, no te preocupes, dicen que el tiempo cura las heridas.
- ¡No soy la maldita enfermera de nadie!

Llegados a este punto, la panadera tuvo que interrumpir al ver que al final el Tiempo acabaría con la señora a base de… Bueno, a base de esperar, que es lo que suele hacer el Tiempo (no se lo digáis, pero confieso que me parece lógico su aburrimiento en el trabajo). Total, que interrumpió:
- Igual deberías buscarte un hobby. ¿Te gustan los deportes?
- Me gusta el ajedrez – Sí, ella preguntó por “deportes” y él contestó “ajedrez” -. Siempre me ha parecido emocionante con los relojitos haciendo chac chac chac todo el rato. Nunca sé cuando me van a parar.
- Podrías dedicarte a eso en tu tiempo libre y ponerte nuevos retos en el trabajo.
- ¿Por ejemplo?
- Llevas toda la vida haciendo que las horas duren 60 minutos. ¿Serías capaz de hacer que fueran 70?
- Pues nunca lo he intentado…
- ¡Siguiente!
- Una barra de pan de semillas, por favor.

Cuando salí de la panadería lo vi un tanto pensativo, demasiado, de hecho. Así que si durante los próximos días veis que vuestros relojes hacen cosas raras o que tenéis sensación de jet lag sin motivo aparente, tranquilos, supongo que las irregularidades no durarán mucho. Sed indulgentes y tened paciencia que ya sabéis lo que dicen: “tiempo al tiempo”.





The Maddest Men are back

28 03 2012

Creo que nunca he visto el Proyecciones tan bonito como anoche. Y eso se debe, efectivamente, a Mad Men.

Cinesa Proyecciones Mad Men 27/03/12

Ayer, Canal Plus pre-estrenó la quinta temporada de los “locos” Ad Men de la tele en el Cinesa Proyecciones de Fuencarral. Trajeron, recién salido del horno de AMC, el primer episodio de esa quinta temporada. Ups, perdón, quise decir el majestuoso primer episodio. Y, como no hay una manera mejor de disfrutar una serie que en pantalla grande, pasó lo que pasó. Una gran pantalla para una aún más grande serie y su gran episodio.

Ese episodio que dura una hora y media. Esa hora y media llena de ese humor que llaman aburrido por ácido. Ese episodio donde vemos a un Don Draper que ya no sólo sonríe cuando está ante sus clientes. Ese Don Draper cuya vida, desde fuera, cualquiera ansiaría tener. Esa vida que, desde dentro, hasta él mismo ansía por primera vez. Esa vida que incluso el mismísimo Roger Sterling admira. Ese Roger Sterling al que parece faltarle poco para caminar por la oficina sin zapatos al más puro estilo Bertram Cooper.

El episodio que nos ha mostrado cómo una mujer puede ser una mujer sin morir en el intento. Esa mujer que es Joan Harris con toda su independencia (“allow me?”). Esa independencia que nadie sabe mostrar como Peggy Olson.

Ese episodio que ha demostrado por qué Mad Men es Mad Men y punto. Esa serie que llaman lenta por su sutileza. Esa serie que llaman aburrida por sus detalles. Esa serie que llaman pesada por su incomprendida gracilidad. Esa serie que otros prefieren llamar “obra de arte” porque lo es.





Actually, the future

25 03 2012

Y notas el atabalamiento mental. Constantemente oyes voces que no sabes de dónde vienen. De todas partes, en realidad.

Si tuvieras… Si tuvieras… Si tuvieras… Si tuvieras…

Voces que no sabes a qué se deben. A nada, en realidad.

Si tuvieras Tuenti… Si tuvieras Twitter… Si tuvieras WhatsApp… Si tuvieras…

Frases condicionales que sólo constan de comienzo.
Frases condicionales que nadie sabe cómo terminan.
Frases condicionales que se desvanecen en puntos suspensivos y dejan de cumplir su función como si, en realidad, no hubiera ninguna consecuencia palpable.

Si tuvieras… Si tuvieras… Si tuvieras… Si tuvieras…

¿Qué? ¿Qué pasaría, si tuviera?
¿Si tuvieras…, serías normal?
¿Si tuvieras…, merecerías la pena?
¿Si tuvieras…, serías real?

Y entonces te das cuenta de que Black Mirror no es ninguna crítica social,
sino que muestra el futuro más próximo cual bola de cristal.








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