Adiós a Dios
1 05 200828-04-08
“El hombre está condenado a ser libre” dijo el gran Jean-Paul Sartre. Yo añado que, desde hoy, también está condenado a estar solo. Desde hoy, yo no hay salvación. Desde hoy, el ser humano ya no tiene guardaespaldas personal. El Director General del Universo ha dimitido. Se ha despedido de esta empresa llamada Mundo al no poder él sólo con todo. Los trabajadores (que ellos mismo se hacen llamar humanos), esos simples currantes con contrato personal (contrato mortal, diría yo), no ponen nada de su parte, han dejado toda la producción en manos del Director y, finalmente, como era de esperar, se ha cansado. Se ha cansado de que no se valore su trabajo, de sólo dar y no recibir a cambio nada más que de infinitas nuevas peticiones.
Sí, Dios se ha ido. El Jefe lo ha dejado todo a nuestro cargo. Ahora, todo depende de nosotros (¡Que cunda el pánico!). Pero supongo que no ha perdido toda la esperanza, al fin y al cabo, los padres siempre tienen fe en sus hijos. Aún quedan ángeles. Búsquenlos. Lo juro, todavía existen. Sólo hay que distinguirlos, lo cual es cada vez más dificil. Ellos están aquí para salvarnos, para redirigirnos de nuevo por el buen camino, pero inevitablemente se están dando cuenta de que eso es imposible (digan lo que digan en Adidas). Los ángeles han descubierto la razón por la que El Capitán nos ha dejado, y ellos sí pierden la esperanza a cada momento, la pierden cada vez que ven la crueldad y superficialidad humanas. A cada instante quedan menos seres con alas. Los corrompemos por no saber ver su esencia (o quizá por no querer verla, eso supondría reconocer lo que somos) hasta que prácticamente los confundimos con nosotros mismos y casi nada los diferencia.
Hoy, 28 de abril de 2008, Dios se ha marchado. ¿Que porqué lo sé? Porque hoy he visto a un ángel a punto de llorar, porque ha faltado muy poco para que unas lágrimas de cielo y nube, que jamás deberían ser derramadas, rozaran sus mejillas. El estrés de la vida en La Tierra pesa mucho a las espaldas de un ser acostumbrado al paraíso. La presión terrestre no debería afectar a los únicos seres que tratan de salvarnos, a pesar de todo.
Es una pena que Dios creara al hombre incapaz de percibir almas. Es una pena que Dios haya arrojado a los ángeles a La Tierra inúltilmente en lugar de llevárselos consigo. ¿Se habrá despedido de ellos? Es una pena que Ángel y Humano no puedan fundirse en uno. Es una pena que los ángeles también se marchen. Pero a pesar de que se vayan, aprovechad, aún están aquí. Menos mal que aún lo están. Menos mal que aún se dejan ver. Menos mal que he conocido a uno. Menos mal que no creo en Dios y, sin embargo, he visto un ángel.
Menos mal que los dioses también mueren…
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